Teatro

El mejor teatro de 2015

December 29, 2015

Ya estamos otra vez! Entramos en diciembre y las listas con lo mejor del año salen de debajo de las piedras, inundando periódicos, revistas, blogs y redes sociales. A bolsillo no hemos querido renunciar a hacer este ejercicio retrospectivo, pero hemos querido huir del típico ranking. De entrada porque no nos acabamos de sentir cómodos, con eso de juzgar que un espectáculo es mejor que otro y colocarlos en un podio. Pero sobre todo porque nos apetecía hacer una elección más personal, rescatando aquellos títulos que, sea por el motivo que sea, han sido especiales para cada uno de nosotros, los que durante todo el año escribimos sobre teatro en bolsillo. Nos lo hemos tomado como un juego, con reglas incluidas. Pocas, pero claras y concisas.

De entrada, debían ser espectáculos estrenados este 2015. Reposiciones por tanto descartadas. Y sobre todo, sólo podíamos elegir uno. Sí, es de cajón, pero esta ha sido la norma más difícil respetar. A todos nos han venido a la cabeza, enseguida, tres o cuatro montajes imprescindibles, que merecerían ser en esta selección. Y así es como han quedado por el camino dignos finalistas como El huerto de los olivos, dirigida por Xavier Albertí; la magnífica adaptación de Incierta gloria, de Àlex Rigola; las Bestias de la compañía Baró d’Evel o el debut teatral de Cesc Gay con Los vecinos de arriba. Ah, y todavía una última regla. Pactamos que tampoco podríamos elegir ninguno de los espectáculos internacionales que nos han visitado este año. Hubiera sido demasiado fácil quedarnos con la excelente versión de Medida por medida que Declan Donnellan presentó el Temporada Alta. O decantarnos por el prodigio de À louer, con el que la compañía Peeping Tom nos fascinó el Grec. O con la maravillosa puesta en escena de la ópera Benvenuto Cellini, que Terry Gilliam convirtió en toda una gran fiesta en el Liceu.

mejor teatro 2015

Con estas normas autoimpuestas (y con unos cuantos ibuprofeno, que elegir no es fácil), presentamos la Selección bolsillo 2015. Juega con nosotros.

EL ARTE DE LA COMEDIA

Eduardo De Filippo. Dir. Lluís Homar

El arte de la comedia merece figurar entre lo mejor de este 2015 porque, aparte de un montaje excelente, es una declaración de amor al teatro en toda regla. Una declaración de amor sincera, honesta, resultado de la suma de dos talentos inmensos que aman y reverencian el teatro, como son Eduardo de Filippo y Lluís Homar. El primero escribió un texto que destila pasión y compromiso, y el segundo supo construir un montaje que hacía justicia.

El primer acto de la pieza planteaba un debate que resulta perfectamente vigente sobre la función de las artes escénicas y su relación con el poder político. Las palabras de De Filippo (escritas en 1964, cuando el auge de la televisión hacía hablar de la crisis del teatro y de la pérdida de espectadores) sonaban indiscutiblemente actuales: Para qué sirve el teatro? Tiene alguna utilidad? Alguna función pública? ¿Por qué ha de subvencionar? ¿Por qué va la gente: sólo para divertirse? O el arte debe ser un elemento de denuncia? Unos interrogantes que surgían del duelo entre dos personajes antagónicos, el nuevo prefecto de una ciudad de provincias italiana (Joan Carreras) y el director de una tropa ambulante de comediantes que había perdido su teatrillo por culpa de un incendio (Lluís Homar ). Dos bestias que nos ofrecían un combate delicioso, divertidísimo. Y que daba paso a una segunda parte absolutamente hilarante, con un desfile de personajes entre los que destacaba el cura Salvati de Andreu Benito, que sobresalía en el registro cómico.

Pero la declaración de amor al teatro venía dada tanto por el fondo como por la forma. La puesta en escena de Homar demostraba una gran inteligencia, enseñando los artificios de la función. Los actores se vestían y se maquillaban a la vista del público, y la escenografía (Lucas Castells y Jose Novoa) se iba construyendo poco a poco, hasta convertirse una caja escénica vacía en todo un palacio.

Una pieza absolutamente redonda, magnífica, que llegaba al gran público y que a la vez funcionaba como un sentido homenaje al oficio de actor.

TODO POR DINERO

Mammón de Nao Albet y Marcel Borràs. Cleopatra de Ivan Morales. La undécima plaga de Victoria Szpunberg y David Selvas

Si uno se pone a mirar atrás, analizando el año teatral que ahora termina, e intenta buscar qué proyectos han sobresalido de manera singular, de entre toda la lista de montajes que me han entusiasmado, para mí hay uno que brilla especialmente con nombre propio, el nombre de Dylan Bravo. ¿Quién es Dylan Bravo? ¿Quién está, ¿qué hay detrás de este alias tan eufónico? De hecho, Dylan Bravo es un misterio, una ecuación difícil de resolver a primera vista, una metáfora que se resiste a ser descifrada de forma evidente. Es un ser que, bajo la apariencia del actor Manel Sans, con deslumbrantes botas vaqueras, con barba y melena mesiánicas, transita a través de la trilogía Todo por el dinero, el proyecto que gracias al empuje de la productora La Brutal se pudo ver en el Espacio Libre primavera pasada.

Bajo la premisa de investigar qué somos capaces de hacer por dinero y de qué manera esto puede dominar, influir y dar la vuelta nuestras vidas, La Brutal encargó tres piezas de nueva autoría. La primera, Mammón, firmada por el equipo bicéfalo, casi pareja artística de hecho, formado por Nao Albet y Marcel Borràs, era una borrachera formal que, literalmente, hacía volar los protagonistas hasta la meca del dinero fácil, Las Vegas. Allí se veían sumergidos en una espiral desenfrenada, claro homenaje al cine de género, con Dylan Bravo como cicerone de excepción. De entre todas las locuras que han emprendido la pareja Albet y Borràs, dada a destripar cualquier trazo de narrativa evidente, este Mammón es, en mi opinión, una de las más exitosas.

La segunda pieza, Cleopatra, es un claro paso más allá en la joven escritura de Iván Morales, tras la revelación deslumbrante que fue su primer texto Sé de un lugar. Morales hace viajar Dylan Bravo de Las Vegas en el Poble Sec barcelonés, para hacer de espectador de una dramática relación entre madre e hija. Un montaje íntimo (con una cautivadora Anna Azcona), donde unos personajes desolados comparten su soledad alrededor de una bolsa Kipsta llena de dinero.

Y finalmente, la voz veterana de Victoria Szpunberg ofrecía al director David Selvas una fábula moral del desencanto y la pérdida actuales, un mundo comido progresivamente por las ratas y que nos hace reencontrar Bravo como experto en plagas. El paisaje irónicamente desolador que pinta Szpunberg termina ahogando toda esperanza de los protagonistas, especialmente la del personaje encarnado por Mima Riera. El proyecto también significó la despedida de la que ha sido la primera Kompany Joven del Teatro Libre, iniciativa que este año felizmente se renueva con una segunda edición.

El curioso incidente del perro a medianoche

Mark Haddon. Adaptación Simon Stephens. Dir. Julio Manrique

Christopher Boone, el protagonista de El curioso incidente del perro a medianoche, me fascinó desde la letra impresa y después de verlo en escena sólo me puedo imaginar con el rostro de Pol López. Si esta es mi elección del año teatral que cerramos es porque de entrada creo que tiene mérito jugarse con el bestseller del autor inglés Mark Haddon, pero las ganas pudieron Julio Manrique, que hacía tiempo le rondaba por la cabeza la idea de dirigir el montaje. Y lo que ha conseguido es una pieza de pequeño formato trenzada a base de artesanía y complicidad donde cada detalle cuenta. La gracia es que engancha tanto a quienes ya conocen la obra como a los que no han oído hablar de esta historia.

Aunque el peso indiscutible de Pol López como protagonista, el resto del reparto hace un trabajo sólidamente construido. Cabe destacar el trabajo de desdoblamiento de Marta Marco, alter ego de Christopher cuando hace de narradora y su maestra Siobhan, y la pareja de progenitores, Ivan Benet y Cristina Genebat.

El curioso incidente del perro a medianoche cuenta una parte de la vida de un adolescente de 15 años inteligentísimo, adicto a las matemáticas y el universo, hacen de Sherlock Holmes y que tiene una enfermedad que le provoca graves problemas de relación, a él ya los que le rodean: el síndrome de Asperger. El texto se mueve entre la novela policíaca para público juvenil, las aventuras de aquel guardián de Sallinger, el viaje iniciático, la comedia absurda y el drama, porque la enfermedad mental siempre está presente.

Este es un montaje extraordinario para que fusiona perfectamente contenido, forma y ejecución. Personalmente, pero, lo recordaré porque me emocionó como pocas veces me ha pasado en un teatro, una sensación y un estado de ánimo muy difícil de definir y que no se consigue sólo con técnica por mucho oficio que se tenga .

THE FELIUETTES

Xavi Morató. Dir. Martí Torras Mayneris

Una de las cosas más maravillosas del teatro es cuando entras en una función con las cejas alzadas por la incredulidad y sales enamorado. Cuando dentro de una sala caen todos los prejuicios y el arte consigue desmontar las barreras del espectador es cuando el aplauso final es más caluroso y entusiasmado. Esto es lo que ocurrió la noche que fui al bonito Maldà a ver The Feliuettes y por eso considero que el montaje debe figurar entre los mejores de este año.

Lo tengo que reconocer: un thriller musical basado en la figura de la Núria Feliu me daba un poco de miedo. No entendía a priori como se podía hacer una obra de misterio y toques de comedia y que fuera al mismo tiempo un homenaje a una cantante que ya es casi un símbolo de país sin caer en la cursilería. Pero al Maldà no caben los complejos y, siguiendo un texto surrealista de Xavi Morató (guionista de El Jueves), tres actrices y un pianista construyen una realidad paralela gamberra y punk donde, incluso, las hombreras se preocupan por el el estado de salud de la lengua.

La obra, dirigida por Martí Torras Mayneris, acaba siendo un extraño cóctel que mezcla las Teresinas, Monty Python y los hermanos Marx y consigue sorprender al espectador constantemente con todo de giros argumentales que, pese a ser exagerados, el público se acaba tragando. Y es que las actrices (Laura Paz, Laia Alsina y Maria Cirici) y el pianista Gerard Sesé te arrastran a su juego desde el primer minuto y no dejan que abandones el tablero hasta que la comedia ha ganado la partida.

Hay algunos momentos para enmarcar como el ya citado de las hombreras o bien la inacabable muerte de la líder del club de fans de la Feliu y te sirven con una soltura irresistible. Humor, misterio y extrañas conspiraciones para reírse de y con nuestra cultura popular. Si el teatro es juego, The Feliuettes es teatro en mayúsculas. Y, si compramos entradas para disfrutar como niños y olvidarnos de nuestras preocupaciones, esta es de las mejor pagadas del 2015.

Maridos y mujeres

Woody Allen. Dir. Àlex Rigola

La sensacional adaptación firmada por Àlex Rigola de uno de los mejores filmes de Woody Allen no podía faltar de ninguna manera en esta selección. Sin duda ha sido uno de los grandes montajes del año. Prodigioso observador de la la naturaleza humana, Allen ofrece un retrato crudo y lacerante de las relaciones de pareja y lo hace con humor sutil, sin grandilocuencia. Demostrando, una vez más, su capacidad de tratar cuestiones complejas de forma sencilla y amena. Resulta imposible no verse reflejado o sentirse directamente interpelado por los diálogos o situaciones que viven los protagonistas.

Manteniéndose fiel en buena medida a la estructura original, Rigola hace toda una demostración de cómo llevar a escena el lenguaje cinematográfico. Alterna los diálogos y los monólogos de manera fluida, con ritmo pero sin aceleración. La disposición del espacio escénico (los espectadores rodean una especie de sala de estar sobria delimitada por unos sofás blancos, que en parte, también están ocupados por el público) ayuda a sentirnos más cerca de los personajes a compartir más fácilmente las sus frustraciones y sus miserias. Una ruptura de la cuarta pared que se hace más evidente cuando los actores se diregeixen directamente a alguno de los espectadores / mirones ubicados en los sofás, dando lugar a momentos del todo hilarantes.

Otra de los grandes aciertos de Rigola es el de dar el nombre real de los actores a los personajes. Andreu (Benito), Mónica (Glaenzel), Joan (Carreras), Sandra (Monclús), Lluís (Villanueva) y Mar (Ulldemolins) -que es la Mar o Molinos en función del personaje que interpreta – nos resultan más cercanos y no podemos no empatizar con ellos. Todo el reparto de Maridos y esposas está extraordinario: interpretaciones divertidísimas que desbordan verdad, sin exageraciones. Capaz de pasar de forma comedida y sincera de una situación delirante y alocada a hacer conmovedores confesiones sentimentales. Especial mención por Andreu Benito, por quien profeso una creciente debilidad (además de hacernos olvidar la interpretación original de Woody Allen, este año nos regaló dos personajes deliciosos como el capilla del Arte de la comedia y el oficial republicano de Incierta Gloria)

Comedia de altos vuelos en un montaje redondo que, estoy convencido, encantaría al propio Allen.

EL REY LEAR

William Shakespeare. Dir. Lluís Pasqual

Levante un momento las copas y brindamos. Brindamos porque podemos volver a ver El rey Lear versionado por Lluís Pasqual en el Teatre Lliure. Los premios sillón lo declararon como mejor montaje del año. Yo me atrevería a decir que es historia. Es gran fiesta teatral donde todos los invitados son de excepción: el texto, el director, los actores, la escenografía, el vestuario, la música, la luz … Todo está hecho con tal precisión y delicadeza que hacen de la espectáculo una maquinaria perfecta donde cada elemento es necesario y brillante, un engranaje coreografiado sin ningún resquicio de ningún tipo. Estamos ante una de las tragedias más dolorosas del gran bardo inglés, el fiel retratista del caleidoscopio humano donde tienen cabida los sentimiento más sublimes y las acciones más salvajes.

Reflejar con una expresión la rabia más furibunda o con un gesto la locura más perversa, es una apuesta que sólo pueden llevar a cabo algunos elegidos, como el Espert. Nada Meys. Por favor, si amáis aunque sea un poco el teatro, no te puedes perder esta bestia escénica. Con sus 80 años se mueve con una agilidad física, verbal, mental y emocional que no es de ese mundo. Qué suerte y qué privilegio poder verla.

Ella es el tótem de la función pero el espacio del que dispongo me queda corto para elogiar como se merecen el resto de elementos y de verdad que lo merecen. Todos y cada uno de ellos. Es un trabajo de cirujano la que ha hecho Lluís Pascual, ya veréis que os seccionarà del alma. “Reiremos contemplando las doradas mariposas y tomaremos sobre nosotros el misterio de las cosas como si fuéramos espías de los dioses”. Que así sea.

SÓLO SON MUJERES

Carmen Domingo. Dir. Carme Portacelli

Grandes estudiosos, como George Steiner, consideran que la idea de salvación que aporta el cristianismo supone el fin de la tragedia como cosmovisión: el dolor y el sacrificio cristiano, a diferencia del dolor y el sacrificio de Edipo o Antígona, no pueden ser considerados trágicos porque existe la garantía de la salvación divina. Con el cristianismo, no puede haber catarsis.

Carmen Domingo con el texto y Carmen Portacelli con la dirección, retornan en este espectáculo a la idea primitiva de tragedia, a la capacidad de la palabra y el teatro de provocar catarsis, purgación, a los espectadores. Todas las protagonistas de Sólo son mujeres se rebelan obstinadamente contra un estado y un destino tan injustos como absurdos, contra un orden moral semi-divino, patológico y arbitrario. Y la salvación, cristiana o no, no puede ser nunca posible. La tragedia, en su sentido más puro en el escenario de la Sala Pequeña del TNC.

Los espectadores sentimos empatía, rabia, dolor y mala conciencia ante los relatos de todas las mujeres que encarna extraordinariamente Míriam Iscla. Ser protagonista es lo que estas mujeres no pudieron ser: como todas las víctimas, nunca han tenido voz. El espectáculo, por tanto, no es sólo la historia de cinco mujeres que vivieron y murieron torturadas, vejadas y humilladas, sino la voz de todo un colectivo. Esta idea, la colectividad, es uno de los ejes del espectáculo: música, danza, voz, palabra, imagen … al servicio de estas historias trágicas. Sol Picó y Xaro Campo ponen cuerpo a estas palabras que dejan inmovilizado y Maika Makovski agudiza las emociones a través del sonido. Lejos de embellecer la tortura, la danza y la música se convierten también lenguaje, igual de punzante y catárquico que las palabras.

La calidad escénica de estas cuatro mujeres y la buena utilización de todos los signos espectaculares es el mejor del espectáculo. Bertolt Brecht ya lo sabía, el arte político e ideológico debe tener una gran calidad técnica y emotiva, sino pierde consistencia. El oficio y la sensibilidad de todas las mujeres que han creado este espectáculo es el que aporta más valor a la voluntad de convertir el arte, como pretendía Brecht, no en un reflejo de la sociedad sino en un martillo para darle forma .

PD. La selección de los títulos se cerró el 15 de diciembre. Esta es la única razón por la que no figura el público, de Àlex Rigola. Un montaje inmenso, fascinante, y que sin duda es de lo mejor que hemos visto este año.

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