Pintura

RAFAEL BARTOLOZZI

December 31, 2015

El Museo de Arte de Tarragona (MAMT) presenta hasta el 21 de febrero de 2016 una muestra homenaje al artista Rafael Bartolozzi (Pamplona, ​​1943 – Tarragona, 2009), coincidiendo con el quinto aniversario, en 2014, de su muerte. Coproducida con el Museo de Navarra, la muestra ha sido concebida como un proyecto itinerante que se desplazará, también, en la sede de la calle de Ausiàs Marc de la Fundación Vila Casas.

Comisariada por la crítica de arte Raquel Medina, la exposición Bartolozzi 1943-2009, reúne una cincuentena de obras que rehuyen una concepción cronológica para centrarse en las temáticas que habitaron su pensamiento. Orígenes, sustratos y raíces ancestrales, Eros y lo humano: figuración poética y metáfora y Naturaleza y figuración: cosmología juegos estructuran la muestra en tres capítulos y, a la vez, evidencian la naturaleza mestiza de un creador que, sabiéndose deudor de una cultura ancestral, observaba su tiempo.

RAFAEL BARTOLOZZI

El legado popular de la cultura natal de Bartolozzi -palès en su fascinación por los paisajes atávicos del Bosque de Irati o en algo más cotidiano: nunca se quiso desprender de la txapela-, y la cultura Mediterránea del mar y del campo de Tarragona -donde se trasladaría a finales de la década de los 80 después de haber vivido durante dos décadas en Barcelona-, se convirtieron en el punto de partida de una obra exponencialmente intuitiva.

Si bien durante los primeros años del artista mostró un gran interés por la abstracción de la obra de Tàpies o Saura, pronto se dejó seducir por la emergencia del pop y la nueva figuración. Estas corrientes permitieron a Bartolozzi (junto con otros autores de su generación como Robert Llimós, Gerard Sala, Zush y su compañero artístico durante 10 años, Eduardo Arranz-Bravo) proyectar un trabajo de expresión plástica con raíces en los conflictos de su realidad inmediata -principalmente, el anhelo de libertad de un pueblo recluido que intuía el fin de un período y el inicio de otro. Posteriormente, la producción del navarro se situó cerca de la neofiguración, de la que tomó la poética y la magia como mecanismos de unión entre el mundo imaginario y el mundo tangible.

Por encima de todo, su obra rezuma un vitalismo intenso y una voluntad utópica que celebra la sensualidad de la naturaleza, el erotismo y los placeres de la existencia humana. Bartolozzi cerró su carrera con la consolidación de una personalidad creativa personal y distintiva, con una amalgama de vibraciones táctiles y visuales que conectaban con las vanguardias europeas.

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